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La aldea del Rocío, otro de los atractivos de la localidad de Almonte a escasos 20 kilómetros de Matalascañas, es lugar de peregrinación de millones de romeros y rocieros que han visto en la patrona almonteña, la Virgen del Rocío, todo un símbolo de veneración. La aldea del Rocío es sede cada año, a finales de mayo, de la llegada de miles de peregrinos que, ataviados de traje corto y volantes, van a venerar a la Virgen del Rocío. Días antes, miles de romeros y rocieros hacen el Camino, entre carretas, caballos y salves, pasando, entre otros sitios, por el río Quema y el Puente de Ajolí, dos momentos mágicos del Camino. En la madrugada del lunes, después del Domingo de Pentecostés, llega el Salto de la Reja, momento éste en el que los almonteños se desviven por llegar a los pies del altar y coger a su Patrona, a la que llevarán a hombros por las calles de la Aldea, haciendo parada ante cada Simpecado, hasta el amanecer, que es el que anuncia que hay que desandar el Camino y hasta el año próximo.
La actual ermita, donde se venera a la Blanca Paloma -como llaman sus fieles a la virgen-, fue construida con unas dimensiones mayores a la que hasta entonces había, debido a la gran devoción que despierta esta imagen, que ha dado lugar a la romería más importante de España.
Parece que la primera ermita fue levantada por orden del rey Alfonso X el Sabio, tras la reconquista cristiana, allá por el año 1270. Además, esta zona era frecuentada por el rey, ya que creó también un coto de caza, el conocido hoy como el Coto de Doñana.
En el Paseo Marismeño de la Aldea, se encuentra el Monumento a la Coronación, el más antiguo de El Rocío y que se erigió para conmemorar la coronación canónica de la Virgen en 1919.
Desde Matalascañas solo tiene que tomar la A-483-Travesía Los Mimbrales para llegar a la Aldea. |